
La disyuntiva catastrófica, la piel que emana olores de pasión y el aroma oculto de su feminidad que no enamora pero seduce animalmente. Un cuerpo que entre el vaivén del las horas es sujeto una y otra vez de sus pasiones y sus juegos de seducción, como dice la canción “Estoy muriéndome de sed y es tu propia piel la que me hace mover, me hace mover, me hace mover, en extremos…este es el juego de seducción”.
Él allí procurando resistirse ante ella, pero sin más, olvidando sus propósitos de dominio propio y dejándose llevar por la noche fría y por ese secreto de mujer que sucumbía por conocer; caminaron hasta el cansancio y la fatiga total, despertaron con el primer rayo de luz y retornaron a su peregrinar… Pasiones que explotan, atracciones que no se entiende, simplemente llegan y se deleitan. ¿Errores? No hay tiempo de arrepentimientos, simplemente él y ella, cada quién por su lado continúa su trasegar entre la agonía de sus ardores de rojo pasión y muerte.



